Ritos, el umbral insólito de Julio Cortázar

Dentro de su arquitectura narrativa cifrada, Julio Cortázar dispuso sus cuentos en cuatro volúmenes agrupados por afinidades temáticas, no cronológicas. El primero de ellos, Ritos, no es una invitación a ceremonias conocidas, sino un pasaje hacia lo inexplicable escondido en lo cotidiano. Estos relatos, reunidos por el propio autor poco antes de su muerte, desvelan una realidad que late con energía extraña y subterránea 

En Ritos, lo insólito irrumpe sin permiso. El tono inquietante que habita en cuentos como “Casa tomada” o “Axolotl” se aglomera aquí con agudeza, revelando rituales cotidianos que devienen siniestros o misteriosos. Cortázar juega con el lenguaje y la percepción, y el lector se ve atrapado en escenarios donde una puerta, un animal o una costumbre se convierten en portales de alteridad.

La elección de “Ritos” como título no es ociosa: añade una capa simbólica que casi invita al lector a decodificar una ceremonia literaria, íntima y perturbadora. Es un volumen que invita a releer, a detenerse ante cada frase —y acaso a sentir cómo el pulso común se quiebra ante lo extraordinario.

Con solo 336 páginas en su edición de bolsillo, Ritos ofrece un viaje conciso y profundo al universo cortazariano, ese terreno donde lo fantástico no necesita anunciarse: ya se insinúa en la penumbra del lenguaje familiar.